La vida nos presenta oportunidades que aunque parecen irrechazables, no lo son y nos hacen dudar, nos hacen entrar en un conflicto existencial, en una guerra interna que puede volverse el mismísimo infierno. Algo así me sucedió hace varios meses atrás, cuando me ofrecieron el trabajo por el que toda mi vida he peleado, pero mi situación no era la mejor para irme del país, pues esta empresa era una de las más importantes en Estados Unidos, por lo que debía irme a vivir del otro lado del Río Bravo, alejado de mi familia, la cual es lo más importante para mí. ¿Ustedes que hubieran hecho?

Aún recuerdo cuando mi celular timbró y al responder, una chica joven (o al menos eso parecía por el tono y dulzura de su voz) me habló en inglés diciéndome que hablaban de tal empresa, la cual se había interesado en mis publicaciones en algunos periódicos y revistas de mi país, así como en portales alrededor del mundo. Me comentó que sus jefes deseaban que me uniera a su equipo de trabajo y me preguntó por mis pretensiones económicas, al revelárselas me dijo que el sueldo de mi puesto tenía un sueldo mayor. Era una propuesta de trabajo perfecta, aun así, no les pude dar una respuesta positiva, les dije que lo pensaría. Quizá se estén preguntando por qué, simple, por mi familia.

En ese tiempo mi madre estaba teniendo una especia de depresión, la llevamos con psicólogos y nos comentaron en efecto, estaba deprimida por situaciones familiares. Supuse que la principal razón era que sus hermanos ya no se reunían como antes y eso le provocaba tristeza, además de que recientemente yo me había salido de la casa y era una de las personas que siempre estaba con ella, la escuchaba, trataba de aconsejarla o simplemente de apoyarla. Seguía haciéndolo a la distancia, pero no era lo mismo para ella. Las llamadas, los mensajes y las visitas los fines de semana no eran suficientes para compensar todo el tiempo que pasábamos juntos. Pero estaba en proceso de asimilarlo y le estaba costando más trabajo del que imaginó. No me atrevía a irme del país y minimizar aún más el tiempo que pasábamos juntos. Ella me decía que no podía rechazarlo, que me fuera, que no me preocupara por ella, pero algo dentro de mí, en mi corazón y mi alma me decían que no me fuera, un sentimiento que me inmovilizaba.

Quedaban unos cuantos días para tomar mi decisión, así que busqué en Google ‘Mexico Industrial Parks’ para buscar alguna oferta de trabajo que me igualara el sueldo y la posibilidad de crecimiento que me ofrecían en el país de las barras y las estrellas. No la encontré, aun así les dije que no era el momento de irme y lo comprendieron. ¿Fue la mejor decisión? Sí. Meses después mi madre cayó muy enferma, el estar cerca me permitió moverme y darle ayuda temprana y la mejor posible, sin escatimar en gastos, algo que no hubieran hecho si yo no estuviera cerca.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *