images 1 - Lo que más extraño de vivir con mis padres

La libertad, el ya no depender de nadie para sobrevivir y el ser responsable de tus propias acciones son sentimientos que se obtienen cuando por fin dejas de vivir con tus padres. Al inicio todo es nuevo y demasiada libertad provoca un éxtasis en tu cuerpo; sin embargo, conforme avanza el tiempo comienzas a extrañar cosas, detalles o situaciones que ya no tienes. Ese pequeño, largo o mediano lapso de tiempo es muy difícil de superar, pues es cuando comienzas a pensar que quizá te saliste demasiado pronto, que posiblemente no puedas sobrevivir por tus propios medios y sientes la necesidad de volver bajo el ala de tus padres. Yo hace ya mucho tiempo pasé por esa situación y logré superarla, pero aún extraño algunas cosas de la casa de mis padres y hoy quiero contarles las tres que más rondan por mi cabeza. No necesariamente será en orden de importancia.

Algunos sábados o domingos por las mañanas, mi mamás nos sorprendía con sus mágicos hot cakes, nunca sabíamos con qué nos iba a sorprender, pues había veces que los servía con fruta, otras con tocino, con huevo revuelto, con jamón, etc. Cuando abría los ojos y me llegaba el olor de la harina, una sonrisa nacía por sí sola, pues sabía que ese día iba a desayunar como un rey. No necesariamente por lo abundantes de la comida, sino por lo deliciosos y esponjados que le quedaban los hot cakes, además siempre trataba de adivinar con qué los serviría. A veces le atinaba gracias al olor del huevo o del tocino, cuando era éste último, recuerdo que me levantaba de un salto de la cama y corría a la cocina para robar algunos trozos antes del desayuno. A veces me los preparo yo mismo, pero no es lo mismo.

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Una tradición que había en casa de mis padres era la de despertar al cumpleañero con las mañanitas. Cada día de mi cumpleaños, antes de que mi alarma sonara, desde la sala se escuchaban las mañanitas, generalmente eran las interpretadas por Cepillín o las de Topo Gigio. Era imposible que te despertaras sin una sonrisa en el rostro. Cuando era cumpleaños de mi mamá o mi papá generalmente les poníamos las de Alejandro o Vicente Fernández, o las de Pedro Infante. Aunque mi mamá me sigue llamando todos los días que cumplo años y me pone las mañanitas por teléfono, debo confesarles que no es lo mismo, se lo agradezco demasiado, pero ah como extraño escucharlas como mi despertador.

Por último, extraño aquellas pláticas que nacían de la nada con mi padre. No tuve la mejor comunicación con mi viejo respecto a temas personales, nuestras charlas solían ser sobre deportes, noticias o sólo tratábamos de hacernos reír con chistes o bromas, pero había veces cuando descansaba en fin de semana, que de la nada, comenzábamos a platicar sobre algún tema personal, como podía ser la chica que me gustaba en ese momento y él me aconsejaba, otras era sobre que él se sentía triste por tal o cual cosa, entonces yo trataba de consolarlo. Eran charlas esporádicas, pero cuando sucedían, pasábamos horas hablando de ese tema que se volvían en algo inolvidable. Desde que me mude, éstas dejaron de pasar pese a que aún los veo muy seguido.

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